La resiliencia de Camila y Yanina, tanto como la experiencia de Omar, marcan un grupo caracterizado por su cohesión.


“Mi hijo, Matías, es mi motor. Él me ha visto reinventarme e intento inculcarle que siempre se puede volver a empezar desde cero”, relata Camila González, a quien le recomendaron “hacer un cambio y trabajar en terreno” tras el fallecimiento de su pareja. De profesión ingeniera en prevención de riesgos, hace un año y tres meses dejó su puesto de asesora en salud ocupacional en el Ferrocarril de Antofagasta para incorporarse a Minera Antucoya como aprendiz.
Historias de diversidad
De 34 años, Camila, se desempeña en el cargo de mantenedora mecánica, pero también ha aportado con su experiencia y conocimiento previo en el ámbito de la seguridad, impulsando campañas como “No pierdas tu touch”, enfocada en el cuidado de las manos. “Las oportunidades para las mujeres están disponibles y hay que aprovecharlas, no debemos tener miedo. En mi caso, Antucoya me ha permitido crecer profesionalmente en muy poco tiempo”, valora.
La trayectoria de Yanina Bravo también es diversa. Terminó su educación secundaria en Antofagasta, como técnico en servicio social y luego estudió relaciones públicas. Sin embargo, desistió de esta incursión académica tras realizar un curso que le permitió ejercer como soldadora. “Llegué con bajo perfil, aprendiendo de mis compañeros con más experiencia, hasta que fui consolidando mi carrera”, cuenta la mantenedora mecánica de 34 años.
Recuerda que, cuando ingresó al rubro minero, a sus 23 años, la presencia femenina aún era una novedad. “Al principio fue súper difícil, no entendía nada. Lo que me encontré cuando llegué a terreno no tenía nada que ver con los cursos que había hecho. En esa época éramos pocas mujeres, la mayoría en áreas administrativas, y todavía se podía percibir el machismo”.
Ambiente familiar
Omar Seura siguió los pasos de su abuelo y su padre, quienes fueron mecánicos de locomotoras y bombas, respectivamente. Oriundo de María Elena, estudió ingeniería en mecánica industrial en Calama y hace 11 años se incorporó a Antucoya. “Llevamos bastante tiempo desarrollando las tareas que ejecutamos, porque la mayoría ingresamos en la etapa proyecto. Hemos construido una cohesión de equipo, con un ambiente grato y familiar”, comenta el jefe de turno mantenimiento Ripios.
Para Omar, de 44 años, las mujeres han sido un gran aporte al equipo. “Son muy dedicadas tanto en la gestión como en las labores de mantenimiento. Tienen una mirada distinta con respecto a situaciones en particular que, en general, los hombres pasamos por alto. Valoramos y consideramos sus ideas, combinándolas con la experiencia de otros integrantes”, explica.
Generamos un espacio de cercanía y confianza a través de actividades que hacen que el equipo sea protagonista en los quehaceres del área. Además, a través de la convicción de los lideres de las diferentes disciplinas de nuestra superintendencia hemos logrado incorporar 22 mujeres al equipo, más de la mitad que hace 2 años. Estos esfuerzos han repercutido positivamente en el clima laboral y se han visto reflejados, por ejemplo, en la mejora de nuestros resultados en seguridad y la disponibilidad histórica en chancado”, valora Gonzalo Díaz, superintendente Ejecución Mantenimiento – Cátodos.



La historia de Camila González y Yanina Bravo, junto con la experiencia de Omar Seura, refleja un equipo sólido donde la diversidad realmente marca la diferencia. Camila destaca por su resiliencia y capacidad de reinventarse, aportando además una mirada fuerte en seguridad que impacta positivamente en el equipo. Yanina, por su parte, demuestra perseverancia y crecimiento constante, consolidándose en un rubro desafiante gracias a su esfuerzo y aprendizaje en terreno. Omar complementa este equipo con su experiencia y liderazgo, fomentando un ambiente de respeto, cercanía y cohesión. En conjunto, son un claro ejemplo de cómo distintas trayectorias y perspectivas fortalecen el trabajo en equipo y contribuyen a resultados concretos en seguridad, desempeño y clima laboral.